El gesto en política

Un gesto es un movimiento del brazo, de la cabeza, del cuerpo, etc. que expresa ciertos pensamientos, ciertos sentimientos, que dan más expresividad al lenguaje… Es lo que más o menos dice el diccionario, y o que el que podría suscribir cualquier manual de oratoria. Los gestos refuerzan las palabras de un discurso, haciéndolas más visibles, más tangibles, más convincentes. Pero la definición de “gesto político” no aparece en el diccionario. Un gesto político seria una escenificación que permite al actor político captar la atención de los medios y de la opinión pública. Por lo tanto, podríamos decir que un gesto político es un movimiento (deliberadamente exagerado, calculado) que fa hace más expresivo (e impactante) el mensaje que un político lanza (a través de los medios) hacia el electorado u otros actores políticos (partidos, candidatos).

Esta semana hemos sido testigos de dos gestos políticos que han protagonizado las tertulias y las conversaciones de los interesados en la política (unos cuantos, no muchos). Pasqual Maragall aumentaba su distanciamiento del PSC mediante una respuesta calculadísima en una entrevista ¡Para el boletín de CiU! Y Jaume Sobrequés abandonaba  el partido socialista i daba su apoyo a Mas, y lo hacía público ahora, en precampaña.

Los dos gestos responden a la definición que acabamos de dar, son impactantes, y no dejan a nadie indiferente. Aunque los hay que querrían una darles otra interpretación a estos hechos, una interpretación banalizadora o incluso caricaturesca de estos gestos que me hace recordar un pasaje en una novela de Milan Kundera. Al principio del libro, el protagonista de La Inmortalidad observa como una mujer mayor olvida por un momento su edad al despedirse de su instructor de natación; mucho más joven que ella, y hace un gesto para despedirse con el encanto y la elegancia propias de una mujer joven y bella. Antelo patético de la escena, el protagonista llega a la conclusión de que “con cierta parte de nuestro ser vivimos fuera del tiempo”. No es el caso que nos ocupa.

Los gestos políticos de Maragall y Sobrequés no obedecen ni a un impulso, ni a un arrebato, ni a una falta de conciencia del lugar o del momento… No obedecen a nada que no sea reflexión, planificación y diseño. E incluso –en este caso- a sinceridad y convencimiento. En el caso contrario, estaríamos hablando de pifia o de error político. Nada de eso. Un gesto político obedece a una elección muy medida del mensaje, del canal, del momento, de la escena, para generar el máximo ruido posible para que los efectos del discurso político contribuyan a cambiar la realidad.

El gesto político no tiene nada que ver con otro tipo de gesto que también se da en política: el gesto para la galería. Ambos tipos de gesto pueden compartir la forma pero divergen en el hecho de que el efecto deseado no es generar ningún cambio sino llenar la agenda mediática con un mensaje esperado y sabido, y por lo tanto, poco atractivo. El gesto para la galería es un gesto vacío (y paradójicamente al mismo tiempo lleno de contenido) que se realiza para evitar su ausencia… Porqué no hacerlo sí representaría un mensaje inesperado y periodísticamente nuevo. Y a todo esto, habría que añadir otra característica del gesto de cara a la galería que es una connotación especial que implica poco convencimiento y / o falta de sinceridad. Por ejemplo, el anuncio de los diputados de ICV i de ERC en el Congreso de Diputados de hacer huelga el próximo día 29 de septiembre.

(publicado originalmente en La Caixa de Música, sección semanal de Xavier Fähndrich en elsingulardigital.cat – catalán)

Tagged with:
 

¿Dónde están los límites? Vivimos tiempos en que cuesta mucho saber dónde están, saber dónde empieza lo que se puede hacer y lo que no ¿Dónde empieza lo que está bien visto y lo que no lo es tanto? La permisividad moral y el relativismo existencial en la que estamos instalados hacen difícil compartir un código de conducta no escrito unánime, y lo que antes funcionaba sin necesidad de normas escritas ahora es objeto de reglamentación, control y sanción. Las limitaciones sociales son cada más prohibiciones explícitas que ahogan la autorregulación de la sociedad y la autonomía personal.

Esta semana ha comenzado la campaña electoral (deberíamos decir precampaña porque oficialmente comenzará el 12 de noviembre) y los líderes de los dos partidos principales -CiU y PSC- han hecho declaraciones a favor de una campaña limpia, sin entrar demasiado en detalles de qué es eso. ¿Qué es una campaña limpia? ¿Existen campañas limpias? ¿Alguien me puede citar un ejemplo? Con o sin ejemplo resulta muy difícil definir el concepto y más aún dónde están los límites de lo que se puede decir y lo que no se puede decir en un debate político. ¿Quién debe definir los límites? ¿Quién debe controlarlos?

Si tuviéramos que definir un cuadrilátero a partir de unos límites aceptados por unanimidad, el campo de juego electoral podría tener las siguientes fronteras. Uno de los límites más claros, y compartido por todos, sería el respeto y la buena educación, sobre todo en cuanto al deseo compartido de echar al insulto del debate electoral. La otra frontera no traspasable es el respeto de las normas electorales. Romperlas es acabar con la convivencia y la democracia. La tercera frontera o límite que compartiríamos todos sería la honestidad, que permitiría un mensaje político libre de demagogia y de mentiras. Y en cuarto lugar, cerraríamos el espacio de debate político con la cordura o sentido común o sentido de la responsabilidad, que definiría la expectativa ciudadana de una auto-contención por parte de los actores políticos.

Pero a pesar de que estas cuatro fronteras puedan ser compartidas por todos (izquierda-derecha, candidatos-electores, etc.), Están supeditadas a sistemas de valores ligeramente diferentes, a percepciones no coincidentes, que convierten estas supuestas líneas rojas en un borrón que difumina los límites, abierto a diferentes a escalas de valor o interpretaciones. Lo que para algunos será una transgresión para otros no lo será. Lo que para unos es una falta de educación, para otros será un desliz… Por lo tanto, pueden haber límites, pero con márgenes más o menos anchos de interpretación.

Hay quien propondría otros límites para asegurar una campaña electoral limpia. Podríamos exigir un debate político con el máximo de racionalidad y objetividad posible. Pero esta exigencia raya la utopía, porque supondría una capacidad de abstracción equivalente en candidatos y electores que hoy por hoy no existe, por no decir que es imposible. ¿Quién es capaz de escuchar, dialogar, juzgar… libre al cien por cien de emociones, de prejuicios o de creencias? No nos engañemos, un discurso político libre de emociones deja de ser un discurso y pasa a ser una tesis doctoral, el estilo, el lenguaje y los argumentos de la que conforman un registro compartido por una minoría de los candidatos y electores, y excluiría a la mayoría.

Hay quien pide una campaña en positivo. Lo que se supone que sería una campaña electoral sin crítica al adversario, sólo basada en la defensa de las ideas y proyectos propios, y con poco margen para establecer comparaciones y contra-argumentos respecto a las ideas y propuestas de los rivales.

No nos engañemos. El discurso político, como el voto, apela por igual a la cordura y al arrojo, a la racionalidad y a las emociones. Por lo tanto, debe existir un espacio para la confrontación de ideas, para la crítica del rival, para la comparación, etc. que juegue tanto con el dato objetivo como con los prejuicios y las debilidades de electores propios y contrarios. Todo dentro de los límites del respeto, de las normas, de la honestidad y del sentido común, antes mencionados. La función del debate electoral es mostrar a quien ha de votar las fortalezas propias y las debilidades del contrario, las ventajas del programa de uno y las desventajas del del contrincante. Y para ello hay que generar controversia para llamar la atención, para generar una reacción, para estimular el receptor…

Veinticuatro horas después de las declaraciones del Sr. Mas y del Sr. Montilla por una confrontación electoral “fair play”, el eurodiputado Ramon Tremosa tildaba el primer secretario del PSC como el candidato que hubiera preferido Franco. La respuesta por parte del PSC no se hizo esperar con diversas declaraciones que censuraban los argumentos empleados por Tremosa, pero que a la vez aprovechaban para calificar los convergentes de niños de papá que no hicieron nada (durante el franquismo). En ambos casos exageran. En ambos casos han tenido que recurrir a imágenes muy impactantes para atraer la atención del electorado. En ambos casos son conscientes de hacer un discurso no racional sino un discurso más emocional. Tremosa es consciente de que Franco no querría al Sr. Montilla para nada. Miquel Iceta sabe que Jordi Pujol estuvo tres años en prisión por luchar contra el franquismo. Diciendo lo que han dicho, ¿son unos mal educados? No ¿Han insultado? No ¿Son deshonestos? No ¿Son irresponsables? No ¿Han roto alguna norma electoral? No ¿Han generado un debate? Si ¿Han conseguido explicar lo que querían? Si. Por lo tanto, están dentro de los límites de una campaña electoral limpia y sus declaraciones son recursos y argumentos propios de la retórica orientados a convencer al electorado.

La “limpieza” de la campaña electoral es difícil de definir y, aún más, de controlar. Depende de sus principales actores, los candidatos y los partidos. Nadie más puede intervenir o controlar. La reprobación del Sr. Mas al eurodiputado Tremosa es una forma de marcar estos límites, pero esta actitud debe ser compartida por todas las partes implicadas. Un desequilibrio en este sentido haría bascular una campaña electoral limpia hacia la vertiente más triste de la política.

(publicado originalmente en La Caixa de Música, sección semanal de Xavier Fähndrich en elsingulardigital.cat – catalán)

Tagged with:
 

La alfombra de Obama

¿Una alfombra puede hablar? ¿El color de un sofá comunica? Los manuales de oratoria basan el éxito de un discurso político en la combinación armónica de tres pilares: las palabras, el lenguaje no verbal y el contexto o espacio donde se pronuncia el discurso. Las tres vertientes tienen que ser compatibles y coherentes para ofrecer un mensaje claro e inteligible a quien queremos comunicar y / o convencer. Desde hace tiempo, en nuestro sistema político, los dos primeros pilares han sido objeto de estudio y de perfeccionamiento, y últimamente, se está poniendo mucho más énfasis en la elección efectiva de la localización, del atrezo y otros elementos visuales a la hora de hacer un discurso. El espacio también comunica ¡Y mucho!

El presidente de los EE.UU., Barack Obama, ha redecorado el Despacho Oval de la Casa Blanca, pero ha tardado más que sus predecesores. Al principio, la Casa Blanca a alegaba unos ciertos escrúpulos de austeridad para justificar la no introducción de cambios en la decoración y mobiliario del Despacho Oval. Pero todo parece indicar que en este tema había más reflexión y ganancia de tiempo que ganas de ahorrar. Al final, ha habido cambios, pocos, pero muy calculados.

Consciente que cualquiera de sus gestos, sus palabras o sus decisiones, serán juzgados desde los filtros y teoremas semióticos más severos, Obama probablemente haya esperado un tiempo prudencial para tomar decisiones sobre los cambios a introducir en el contexto más conocido y más cargado de simbolismo en el cual los Presidentes de los EE.UU. pronuncian sus discursos. Tal y cómo se analizan estos cambios al otro lado del Atlántico, un jarrón cambiado de lugar puede ser interpretado como una declaración de principios de gran trascendencia política.

Entre los cambios de decoración, los analistas han destacado, sobre todo, la alfombra nueva. Un elemento muy visible al Despacho Oval (los amantes de “The West Wing” serán más conscientes que los otros) que ha sido sustituido con no pocos cambios respecto al anterior. La nueva alfombra tiene una tonalidad más amarilla, un diseño más linos e incluye citas con un alto grado de significación para Obama.

El color amarillo, que también ha sido elegido para los nuevos sofás y el papel pintado de la pared, es una elección osada, pero llena de intención. Si hacemos caso del libro “Psicología del Color” de Eva Heller, el amarillo es el color asociado con el optimismo, la alegría y lo divertido (es la primera opción que eligen los encuestados, respecto al resto de paleta de colores); y también asociado con la juventud, el calor, la alegría y lo nuevo (segunda opción), y con la esperanza y lo refrescante (tercera opción). Por lo tanto, con la elección del color de la alfombra, los asesores del Presidente, han conseguido comunicar estos valores y atributos a la presidencia de Obama y a los futuros discursos que el Presidente pronuncie desde aquí.

Pero, además, para adornar la alfombra, el Presidente Obama ha elegido personalmente cinco frases que con un alto significado para él o, dicho de otro modo, que lo definen como persona y como político. Cuatro de ellas recogen citas de cuatro Presidentes de los Estados Unidos (los más citados en sus discursos de campaña y que se han convertido en sus referentes intelectuales y políticos). De Abraham Lincoln ha escogido: “Government of the people, by the people, for the people” (Un gobierno del pueblo, por el pueblo Y para el pueblo); de Franklin D. Roosevelt: “The only thing we have to fear is fear itself” (La única cosa que nos tiene que dar miedo es el mismo miedo); de Theodore Roosevelt: “The welfare of each of us is dependent fundamentally upon the welfare of all of us” (El bienestar de cada cual de nosotros depende fundamentalmente de la ayuda entre nosotros mismos) y de John F. Kennedy: “No problem of human destiny is beyond human beings” (Ningún problema del destino humano está más allá de los seres humanos)…

Pero, la frase que quizás llama más la atención, es la de alguien que no ha sido Presidente de los Estados Unidos de América, pero que es uno de los personajes históricos más admirados y más citados por Barack Obama: Martin Luther King. La alfombra del Despacho Oval incluye la frase: “The arc of the moral universe is long, but it bends toward justice” (El arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia) y eleva el defensor de los derechos civiles a la categoría de los otros personajes presentes a la alfombra presidencial. Toda una declaración de intenciones expresada a través de hilos de lana tendidos en el suelo.

Aquí no hemos llegado a este nivel de sofisticación en el mensaje político. Ojalá alcancemos algún día este nivel ¡Y si puede ser incluyendo los valores que destilan estas frases, mejor!

(publicada originalmente en La Caixa de Música, sección quincenal de Xavier Fähndrich en elsingulardigital.cat – catalán)

La culpa no és d’INDRA

Fotografia – www.proyectosinergias.com

L’actualitat econòmica ha desbordat l’agenda política i el debat al voltant de la consulta sobre la reforma de la Diagonal de Barcelona ha perdut protagonisme en els mitjans de comunicació. El govern municipal ha optat perquè l’afer es refredi i acabi per oblidar-se, i s’ha limitat a carregar la major part de la culpa en Indra, l’empresa responsable del vot electrònic.

La cortina de fum, en termes d’estratègia de comunicació, és una bona pensada, però resulta injust que l’empresa en qüestió aparegui en els mitjans com el boc expiatori de la història. Més enllà dels errors informàtics i logístics, més enllà dels errors humans i polítics, l’operació de participació ciutadana de la Diagonal ha contribuït a deixar ben tocada la Participació Ciutadana en majúscules. El concepte, com diria Pepiño Blanco.

En els darrers 15 anys, Catalunya ha estat una pionera en la implantació de canals de participació ciutadana en la presa de decisions a nivell local. No obstant, malgrat els esforços de totes les persones, entitats i empreses implicades aquesta implantació no s’ha traduït en un major interès i en una major implicació de la ciutadania en la cosa pública. I en aquests moments de reflexió i de balanç dins del món de la Participació Ciutadana, el fracàs de la consulta de la Diagonal fa augmentar la sensació de futur amarg.

Però, en realitat no es tracta d’un fracàs de la Participació Ciutadana amb majúscules. Es tracta només del mal funcionament d’una (gran) operació de participació. I la raó d’aquest fiasco està en confondre una operació participació ciutadana amb un referèndum. La literatura acadèmica utilitza sovint els dos conceptes de forma indistinta o encabint el segon dins del primer. Però, a l’hora d’implementar una operació cal tenir present una diferència fonamental. Una operació de participació ciutadana és un canal (o diversos) obert perquè els ciutadans influeixin en la presa de decisions (una competència del govern municipal) i, per tant, en darrera instància qui pren la decisió és qui ha estat legítimament i democràticament investit d’aquest poder. Un referèndum acostuma a ser una consulta democràtica per traslladar la decisió final a la ciutadania i, per tant, en aquest cas el govern accepta adoptar la decisió que resulti de les urnes.

En el cas de la Diagonal, s’han confós les dues coses o també podria ser que els fets hagin portat a confondre’ls. Tot apunta a què el procés de participació ciutadana estava correctament concebut i dissenyat. El govern decideix reformar la Diagonal, en una primera fase les entitats i ciutadans expressen les seves idees i suggeriments, i el conjunt de la ciutadania s’expressa sobre dues opcions (que recullen les conclusions de la primera fase) que el Govern es compromet a adoptar: Rambla o Bulevard. Feta així, és una operació de participació ciutadana amb un disseny impecable. Però el problema arriba quan s’accepta afegir una opció C. Aquesta tercera opció és un torpede en la línia de flotació: converteix una operació de participació en un referèndum. Mentre que en el disseny inicial la decisió final corresponia en tot moment al govern, en el segon, la decisió es trasllada al ciutadà. Està condemnada des del moment en què el procés que estava pensat per influir en la decisió (fem la diagonal així o aixà) es converteix en un plebiscit que obre la possibilitat de frenar aquesta decisió.

El fracàs de la consulta sobre la Diagonal és, doncs, bàsicament conceptual o de disseny. Els errors logístics i informàtics no van fer que el govern municipal perdés la consulta. L’error és anterior, va ser iniciar un procés de participació convencional i deixar que derivés en un referèndum. I per explicar-ho de manera més senzilla: l’error va estar en el plantejament de la pregunta. No s’ajustava a allò que pretenia fer el Govern (digueu-me com preferiu fer), sinó a allò que afavoria més l’oposició (digueu-me què voleu fer).

“L’operació de participació ciutadana de la Diagonal ha contribuït a deixar ben tocada la Participació Ciutadana en majúscules. I la raó d’aquest fiasco està en confondre una operació participació ciutadana amb un referèndum.

(publicada originalment a La Caixa de Música, secció quinzenal d’en Xavier Fähndrich a elsingulardigital.cat)

La remuntada impossible

Un a zero. No va ser possible. El Barça (i de pas els catalans) no vam ser agraciats pels Déus amb la remuntada que ens portaria a la somiada final de la Champions League a l’Estadi Santiago Bernabéu. La posada en escena, amb tints dramàtics i de gran gesta nacional, feia pensar a un probable final èpic, heroic, històric. El duel mediàtic, la guerra psicològica, els missatges d’unitat, de sacrifici (ens hi deixarem la pell!), la crida per omplir el Camp Nou, posaven la pell de gallina. Quina sensació d’unió, de fraternitat i de decisió davant l’adversitat. Uaaaa.

És una llàstima no trobar el mateix esperit i la mateixa actitud davant les adversitats per les quals passa el nostre autogovern. No retrobem ni els tints dramàtics, ni l’èpica, ni la complicitat que genera una semifinal de la Champions quan –racionalment- és evident que ens juguem molt més en l’àmbit de la política espanyola que en l’àmbit futbolístic europeu. Encara que hi hagi moltes persones, respectabilíssimes, que pensin (o millor dit, sentin) el contrari.

L’afer Estatut està arribant a un punt de no retorn. La patrimonialització de l’Estat per part d’un establishment de pensament únic unitarista i centralista fa que estiguem participant a un duel amb les regles trucades. Tota la defensa i l’atac al text de l’Estatut és una gran pantomima en la qual qui juga confiant en el compliment de les regles democràtiques, en el sentit comú, l’equanimitat, la independència i tutti quanti, està condemnat a perdre. A Madrid, tenen les coses tan clares, que retorçaran les regles el que faci falta per parar els peus a qualsevol intent de trencar el Sant Graal de la unitat uniformista d’Espanya. El duel, doncs, es juga en dos nivells. Primer, el de l’obra de teatre còmico-bufa i que és el que llegim en els diaris. Segon, la força bruta, la del nombre, la del poder burocràtic exercit amb impunitat, que no veiem però del qual en patim les conseqüències dia a dia. En el primer nivell, hi juga la política, la separació de poders, el dret, l’argumentació, la negociació… elements constitutius de societats democràtiques avançades. En el segon, l’autoritat de l’aparell de l’Estat, la defensa dels privilegis de casta, la criminalització de la diferència… propi de societats predemocràtiques amb una concepció autoritària i despòtica de la política.

Cada cop creix més la distància entre els dos nivells de la batalla. Cada cop es simplifica més el plantejament. El primer nivell està esdevenint un simple vel que deixa veure descaradament el segon. A Madrid estan deixant de banda la comèdia i dissimulen cada cop menys. Ja no cuiden els detalls. Recorren un article de l’Estatut i el mateix calcat de l’Estatut d’Andalusia no es toca. Converteixen el TC en un tribunal de la inquisició, no en les formes, però sí en la permeabilitat a les pressions externes i a la volubilitat dels jutges. Interpreten qualsevol iniciativa catalana com un atemptat a la Constitució, a la nació espanyola, a l’Estat… a “lo suyo”. Tot això, no és una conspiració, no és un estat d’ànim. És molt és profund. Allà és una actitud natural.

I aquest context el que s’està aconseguint és que les coses apareguin com que és entre ells i nosaltres. On el que prima és la força del nombre, la imposició pura i dura, la pressió sense miraments, la relació amo-esclau… Poc a poc les actituds, els gestos i els esdeveniments s’alineen per confirmar aquest escenari. I davant d’aquest cal que el mateix esperit èpic, la mateixa actitud de fermesa, la mateixa unió que hem demostrat per donar suport al FC Barcelona, es traslladi a la política i a la defensa de la nostra gent, del nostre país. Sinó, segur que en aquest àmbit la remuntada serà del tot impossible. Caldrà que posem per davant el que ens uneix, som abans que res catalans, per poder aconseguir superar el mur que estan creant davant nostre per barrar-nos el pas com a nació i com a societat avançada.

(publicada originalment a La Caixa de Música, secció quinzenal d’en Xavier Fähndrich a elsingulardigital.cat)

 

modul 1. Qualitat democràtica i participació

En la seva vessant d’implantar i innovar en sistemes de participació ciutadana, mintsmind ha estat convidada a participar en el primer mòdul formatiu del programa de formació 2010 del Servei de Participació Ciutadana de la Diputació de Girona.

El proper dia 7 de maig, a la seu del Consell Municipal de Cooperació i Solidaritat d’Olot, en Xavier Fähndrich, el nostre consultor en aspectes de participació ciutadana, participarà en una taula rodona d’empreses per parlar de noves maneres de treballar per la democràcia des del món local. La taula “assumim que no sabem, o no volem, innovar” comptarà a més a més amb la participació de Daniel Tarragó, Yolanda Jiménez i Anna Grabolosa.

Aquest nou mòdul de fomació ha estat dissenyat a partir de les demandes dels tècnics municipals de Participació, i pretén ser una formació “que vagi més enllà” i que aporti més eines de reflexió i de millora. Són unes sessions pensades per a tècnics i persones que treballen en el camp de la participació ciutadana.

Podeu fer les inscripcions a través de la web de la diputació de Girona www.ddgi.cat/participaciociutadana o a través del correu electrònic abrunso@ddgi.cat

 

Malfollat 2.0

Caldria que els nostres polítics tinguin més cura de què diuen i de com diuen les coses en aquest nou context de política 2.0. Potser és qüestió d’un temps d’adaptació i d’aprenentatge. Però, personalment, no cal que corrin gaire per fer-ho.

El President del Parlament, Ernest Benach, ha presentat el seu llibre Política 2.0 en el qual recull, a través de la seva pròpia experiència, les seves reflexions sobre la repercussió de les tecnologies de la informació i la comunicació (TIC) en la relació entre els polítics i els ciutadans-electors.

Les TIC han obert possibilitats, fins fa poc insospitades, per participar i influir en la política i en el seus protagonistes. Són cada cop més els polítics que mantenen a Twitter o a Facebook una finestra oberta sobre la seva acció política, la seva vida i les seves aficions com a estratègia de transparència i proximitat, però també d’intercanvi d’idees i de debat amb els seus conciutadans-followers o electors-amics a FB…

Les experiències són molt variades i amb resultats molt diferents, i no entrarem a avaluar-les. Però sí que resulta interessant el canvi introduït per les TIC respecte a la política tradicional o política 1.0. Abans, les idees, comentaris o bromes (de més o menys mal gust) expressades en el marc de converses personals o informals quedaven entre uns quants (presents en el lloc i en el moment de dir-les) o, fins i tot, podíem confiar en què les paraules se les enduria el vent. Molt pràctic, ja que era (i encara és) fàcil esborrar el missatge, esmenar l’error, i fins i tot negar-lo.

La novetat, i sobretot la inexperiència d’alguns polítics amb les TIC, està generant episodis molt divertits. Els comentaris més o menys informals i de més o menys gust ja no es perden. Romanen. El què abans quedava en privat, ara és públic. El que abans podia passar desapercebut, ara és portat a l’opinió pública… global!

És conegut el missatge de Blackberry de Daniel Sirera captat per un fotògraf durant el debat de política general de 2009 al Parlament de Catalunya i que –de moment- li ha costat entrar en una via morta en la seva carrera política. Tothom va saber el que Sirera pensava del seu partit en aquell moment en forma de confidència. Era un missatge privat, captat per una mirada indiscreta, però el fet de disposar de l’eina TIC i d’utilitzar-la, va permetre que les seves paraules fossin de domini públic.

Aquesta setmana, el polític que s’ha retratat ha estat Miguel Ángel Martín, gerent de l’Institut Metropolità del Taxi, que ha escrit en el seu perfil de Facebook que la periodista Mònica Terribas estava “mal follada” per explicar l’estil de la professional mostrat en l’entrevista al President Montilla a TV3. Es tracta d’un altre exemple de paraules que –conscientment o inconscientment- hom es pensa que queden en privat i que, gràcies a un ús –més o menys maldestre- de les TIC, són conegudes per tothom.

Per norma general, quan un té un càrrec polític, cal que vigili què diu, on ho diu i com ho diu. Aquest principi de sentit comú, aplicable a tothom, però especialment a qui representa un col•lectiu o una institució, és vigent des que existeix el concepte de societat, i més des que existeix la política. I els nous espais virtuals 2.0 no haurien d’escapar a aquest principi, especialment per la fàcil traçabilitat i recuperació dels missatges. Però, no se sap per quina raó, sí que hi escapen.

Caldria que els nostres polítics tinguin més cura del què diuen i de com diuen les coses en aquest nou context de política 2.0. Potser és qüestió d’un temps d’adaptació i d’aprenentatge. Però, personalment, no cal que corrin gaire per fer-ho. La seva manca de domini de la cosa ens mostra una vessant molt més humana i propera de la política: resulta que els nostres polítics també diuen paraulotes, que s’equivoquen, que fan comentaris fora de lloc, que no són tan diferents a nosaltres… Resultarà que potser tindran raó aquells que diuen que les TIC reduiran el fossar que hi ha entre polítics i ciutadans!

(publicada originalment a La Caixa de Música, secció quinzenal d’en Xavier Fähndrich a elsingulardigital.cat)

 

Orfes de lideratge

El president Pujol, l’any 2007, en una conferència sobre lideratge, deia que la primera condició d’un líder és no tenir por de ser bo o de no tenir por de distingir-se, no tenir por de fer-se veure més o no tenir por de suscitar esperances; no tenir por de suscitar il·lusió, no tenir por, naturalment, d’assumir responsabilitats. Un líder –seguint les seves paraules- és aquell que assumeix la responsabilitat que la gent confiï en ell… Perquè és bo, igual que altres que són iguals de bons, però sobresurt per damunt dels altres perquè accepta el risc que la gent que hi confia després li demani comptes.

Alguns esdeveniments polítics dels darrers anys han posat de relleu la manca de lideratge d’aquest tipus. L’estil de fer política dels partits del Govern de Catalunya no connecta amb aquesta definició de lideratge. Tampoc no hi ajuda el tipus de coalició de govern que han construït, en la que predomina una falsa direcció coral o, millor dit, una pretesa polifonia que no és res més que cacofonia cada cop que s’aborden els afers vertaderament importants de l’agenda política.

Les càrregues dels Mossos d’Esquadra, l’incendi d’Horta de Sant Joan del 2009 i la gestió de les emergències, dels transports i serveis durant darrera nevada, però també la defensa de l’Estatut, del nou finançament i dels interessos de Catalunya en general, han posat de manifest la manca de lideratge del (i en el sí del) Govern de la Generalitat. L’esquerra tripartita segueix impregnada per la concepció col·lectiva de lideratge que l’Antonio Gramsci definí en els Quaderns de la Presó.

Els Quaderns contenen una relectura de Maquiavel en la qual Gramsci considerava que el lideratge –el príncep- no correspon a una persona sinó a una direcció col·lectiva: al partit. El seu concepte de nació no és el tradicional, no veu la nació com un organisme que inclou forces que lluiten per la seva ideologia a les conteses electorals per ocupar espais de poder. Per a ell, el partit polític és el líder de les masses, el que portarà la nació a la revolució i l’alliberarà dels lligams per oferir-los una vida millor… Aquesta concepció col·lectiva del lideratge, subjacent en molts àmbits d’ideologia d’esquerra, només condueix a la difuminació del lideratge davant els ciutadans i, per tant, de la responsabilitat o accountability.

En un govern responsable i, especialment, en els moment de crisi, és necessari que algú sobresurti i n’assumeixi el comandament, que transmeti confiança, comuniqui el que s’espera de la ciutadania i el que la ciutadania pot i no pot esperar del seu govern. La manca d’informació, la manca de directrius (poques, clares i senzilles) i, sobretot, la manca d’un referent que transmeti autoritat i inspiri confiança, contribueix a sembrar més desconcert, més descoordinació, a generar conductes absurdes o perilloses…

El lideratge col·lectiu d’estil gramscià del tripartit no només ha augmentat la desafecció ciutadana cap a les institucions i cap a qui les dirigeix, sinó que ha erosionat la imatge de la Generalitat (i de retruc, l’autoritat i l’hegemonia) dins i fora del país. La naturalesa col·lectivista dels actuals governants els ha portat a no assumir les responsabilitats pròpies del lideratge ni de forma col·lectiva ni individual. Tant és així, que les responsabilitats pels errors de gestió o de coordinació dels darrers anys s’han diluït mitjançant una estratègia blandy blub en la que tothom acaba empastifat de tal manera que no hi ha forma de saber qui ha començat la broma.

Un lideratge col·lectiu és possible. És aquell que finalment acaba segregant un lideratge individual. Això passa -diu el president Pujol- primer, quan els que componen aquest lideratge col·lectiu són tots iguals de bons i, segon, quan en un moment determinat, un d’ells és més audaç, pren la iniciativa, i té el coratge de prendre les decisions importants amb els riscos que això comporta. En els darrers 3 anys, a Catalunya, això no s’ha vist enlloc.

(publicada originalment a l’Espai Hayek de la revista de la Fundació Catalunya Oberta)

 

Toc de Sometent


Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.

La nevada del dia 8 de març, com qualsevol fet excepcional, ha posat en evidència moltes coses amagades o latents. La majoria de les notícies, d’article d’opinió, posts i tweets han fet referència a la mala gestió d’aquesta crisi per part del Govern. Només alguns escrits i alguna tertúlia a la TC i a la ràdio ha reparat en altres aspectes de la nostra actitud davant d’aquesta situació insòlita com a societat i com a individus. L’actitud majoritària (o almenys la impressió resultant del què hem pogut veure en els mitjans de comunicació) per part de molts ciutadans bloquejats per la neu o privats de llum o accidentats per culpa de les nevades era, per dir-ho gràficament, d’espera. Esperant que algú els solucioni el problema. Esperant l’helicòpter del RACC.

Evidentment, si busquem trobarem uns quants centenars de petites històries de solidaritat interveïnal o familiar. Però, globalment, el què hem pogut apreciar és que hem perdut, com a poble, com a societat, l’actitud cívica individual i col·lectiva que ens (hauria) d’empènyer a buscar per nosaltres mateixos la solució als problemes, a través de la iniciativa personal, la cooperació veïnal i la solidaritat desinteressada i lleial entre compatriotes. Aquest dies de desordre i de calamitat, hem estat testimoni de persones que protestaven perquè ningú tallava l’arbre caigut del seu carrer o perquè ningú els donava una explicació de res… En altres temps, no tan llunyans, quan l’Estat era més un aparell repressor que no pas un proveïdor anorreador de benestar, els ciutadans i ciutadanes eren capaços d’organitzar-se de manera ràpida i improvisada per resoldre situacions anòmales: una nevada, una riuada, una ventada, etc. L’exemple d’això podria ser l’esmentat per Ferran Mascarell en el minut 8’25” del programa L’Oracle de Xavier Grasset del dijous passat.

En canvi, són pocs els exemples que hem pogut veure en el sentit contrari. En una situació com la de dilluns passat, els gestos desinteressats sorgits de la societat civil, sense la participació per a res de les administracions, han estat escassos. Però, n’hi ha hagut. Els Pescadors de Palamós van lliurar el seu gasoil per alimentar els grups electrògens de l’hospital ; gent anònima oferia allotjament a la gent atrapada a Barcelona a través del twitter; i veïns de Sant Celoni acollien passatgers de la RENFE bloquejats al seu poble. Aquests exemples, i segur que molts més, demostren que aquest esperit cívic i solidari encara perdura en algunes persones de la nostra societat. Però, el seu caire anecdòtic, esporàdic, dispers, fa pensar que ens hem tornat una societat individualista, anarquitzant i comodona: Que vingui algú i m’ho solucioni…

La denúncia d’una Catalunya més passiva, de sabatilles i manteta davant la TV, no és nova. L’hem llegida aquí i allà en els darrers anys. Jo recullo aquí un post escrit el 2009 pel Marc Arza en el què explica més bé que jo aquest símptoma i, a més, amb arguments molt senzills, tot fent servir una anècdota aparentment anodina relacionada amb els fets de l’11 S a Nova York.

És curiós que, en el país de la Marató de TV3 i de 0,7 % solidari, davant d’una situació de crisi no es despertin amb més força i amb més empenta els valors i actituds que representen aquest esdeveniments (jo sóc el primer en entonar un mea culpa). Voldria pensar que un dels trets de la nostra identitat –més enllà de la llengua, la Història i la voluntat de ser- fóra aquesta actitud cívica, comunitària i solidària que està per sobre de rivalitats i interessos. Voldria tornar a sentir tocs de campana i que els pobles, barris i urbanitzacions, veiessin aparèixer voluntàries i voluntaris disposats ajudar desinteressadament la seva comunitat davant els perills que l’amenacen. Això voldria dir que la nostra nació ha recuperat l’esperit de servei i el sentiment de poble que es necessita per fer front a qualsevol repte. Ara ha estat una nevada, però demà.. qui sap, aquesta cohesió podria obrir-nos la porta a la llibertat.

(publicada originalment a La Caixa de Música, secció quinzenal d’en Xavier Fähndrich a elsingulardigital.cat)

 

Laporta, Anglada, Nebrera… arriba el populisme

El populisme no es pot entendre sense un lideratge fort i carismàtic. Les propostes populistes més famoses van sovint associades a estats democràtics febles i, preferiblement, sud-americans o africans. Les crisis econòmiques, la pobresa i la corrupció han col·lapsat, una i altra vegada, el sistema democràtic d’aquests estats, per derivar després cap a populismes de dreta i d’esquerra que tenen en comú un discurs farcit d’èpica, de messianisme, d’enemics exteriors, de solucions senzilles per a problemes complexos, etc. i habitualment rupturista respecte a l’ordre constitucional establert, amb les elits político-socials i amb les relacions internacionals vigents.

Amb perspectiva, aquests populismes -per norma general- han derivat cap a règims totalitaris amb dosis més o menys altes de corrupció. Dins d’aquesta lliga han jugat líders com Collor de Mello al Brasil, Fujimori al Perú, Ménem a l’Argentina, Abdalà Bucaram a Equador, etc.

La versió europea del populisme no ha assolit el grau d’embrutiment polític assolit en altres continents, bàsicament perquè rarament ha aconseguit el poder, però els ingredients són ben bé els mateixos. Qui no coneix l’italià Silvio Berlusconi? Qui no recorda Pim Fortuyn als Països Baixos o Jörg Haider a Àustria? Són tres exemples de populisme que van posar (han posat) a prova els sistemes de partits tradicionals als seus respectius països des de derives ideològiques ben diferents. Berlusconi esdevé en un líder mediàtic gràcies a la seva vinculació al futbol i a la TV; Pim Fortuyn sorgí dels sentiments xenòfobs latents a la societat holandesa i Haider és el renaixement del feixisme disfressat amb trets pseudotecnòcrates i a l’hora, tradicionalistes.

Aquests tres líders populistes europeus són potser els que més han destacat (o continuen destacant) des del punt de vista mediàtic. Són tres lideratges populistes que també ser.

Weber vinculava el lideratge carismàtic a a la devoció i afecte del poble cap el líder gràcies a les dots sobrenaturals d’aquest, com ara l’heroisme, el poder intel·lectual i / o les capacitats d’oratòria. Dins d’aquesta tipologia, Berlusconi destacaria per ser un intent d’heroi nacional, mostrar-se com a l’encarnació de la nació italiana (a través de la seva identificació amb els èxits futbolístics) i presentant-se com a campió del liberalisme econòmic (a través de l’èxit empresarial); Fortuyn representaria el poder intel•lectual a través d’un discurs antiislamista i antiimmigració molt ben travat; i Haider, fins a la seva mort el 2008, va basar el seu lideratge en la seva capacitat d’arengar el seu auditori i va ser sempre reconegut com un bon orador.

A Catalunya, en comparació amb altres democràcies europees, el populisme és un fenomen nou. Però, amb una abstenció propera o superior al 50 % en algunes conteses electorals, amb una crisi econòmica galopant, amb una preocupació creixent per la immigració, amb una desafecció política creixent… Però, hi ha analistes polítics que auguren l’entrada de noves formacions populistes al Parlament de Catalunya. Anglada, NebreraLaporta, Carretero… i versions més frikis, com Ariel Santamaria, són fruit d’una certa crisi de sistema de partits tradicional de Catalunya.

Si tenim en compte els anteriors exemples de lideratges populistes a Europa, podem establir per analogia una ràpida tipologia dels nous lideratges populistes catalans. Laporta, el darrer en anunciar la seva entrada en política, semblaria apropar-se a un cabdillatge com el de Berlusconi, aprofitant la seva tirada mediàtica (o, més ben dit, la del FC Barcelona), i imitant-ne fins i tot les formes, emulant el “Forza Italia”, com demostra l’intent de registrar el lema o marca “Força Catalunya”.

D’altra banda, Anglada representaria el lideratge carismàtic basat en la capacitat oratòria o de caire és haiderià. Compartiria amb Haider els seus orígens feixistes i la capacitat de disfressar aquest discurs amb aires més moderns, i amb Fortuyn, el component xenòfob i la força dels seus arguments entre determinades capes socials afectades materialment o anímicament per la crisi econòmica.

Finalment, ens quedaria atorgar a Nebrera, Carretero o Santamaria, el lideratge carismàtic més intel•lectual. L’heterogeneïtat del grup fa difícil triar-ne un per sobre dels altres. Montserrat Nebrera ha destacat com una gran polemista a les tertúlies durant un cert temps, però és menys coneguda com a tenaç constructora d’un pretès discurs liberal-conservador modern. De moment, ens hem de conformar amb els seus articles a El Mundo, La Razón, El Periódico de Catalunya, El Economista, Avui i El Punt; a l’espera del seu web alternativa de govern. El nom del seu projecte polític sona pretensiós i grandiloqüent, cosa que li dóna un regust populista, però s’emmiralla en la UMP francesa, un tret que podria quedar bé en els llibres d’història si va a més (ja veurem).

Joan Carretero també destaca per exercir un lideratge de caire més intel·lectual. El líder de Reagrupament es presenta amb un discurs pragmàtic, senzill, directe i molt clar, i allunyat de la retòrica grandiloqüent i naïf que alguns cercles independentistes encara gasten com si el romanticisme encara fos vigent. Al component independentista li suma un discurs de reforma política basat en la democratització de les institucions, l’eficàcia administrativa i la transparència política, però que malauradament no està en sintonia amb el que passa al si de la seva formació política.

Finalment, Ariel Santamaria, líder de la CORI, i probable candidat a la Presidència de la Generalitat de Catalunya, és encara un fenomen local. No obstant, més enllà de la seva posada en escena i el seu look alternatiu kitsch, el discurs irònic, sarcàstic i, fins i tot, càustic de Santamaria, també el situaria entre els líders d’un populisme més intel·lectual. La CORI és hàbil en fer sortir les contradiccions del sistema i dels partits d’una manera divertida i clara.

Tot plegat, amb la gran incertesa sobre l’evolució de la crisi , amb l’alt grau de vot indecís, en blanc i que diu que no votarà, detectat pel CEO, i amb el desencís i rebot de molts catalans amb els polítics de sempre, no seria estrany veure bastants d’ aquests líders populistes asseguts als escons del Parlament aquest any. .. Brrrrr!

(publicada originalment a La Caixa de Música, secció quinzenal d’en Xavier Fähndrich a elsingulardigital.cat)

 
Rss Feed Tweeter button Linkedin button
Better Tag Cloud