La abstención no existe…

absetnción

… lo que existe son abstenciones diferentes. Hay una abstención diferente en cada tipo de convocatoria electoral. Es un error creer que la abstención es un fenómeno estable que afecta a un sector determinado de la ciudadanía. Lo que sucede es que existen amplias franjas de electores que participan en unas elecciones y en otras no. Las razones para hacerlo, o no, son múltiples. Una de ellas es la identificación que se establece entre la posibilidad de que el resultado de las elecciones pueda satisfacer mis demandas o resolver mis problemas, o no. Por eso, hay electores que votan en unos comicios, por ejemplo unas elecciones generales o presidenciales, y no votan en otros, por ejemplo en unas municipales; y viceversa. En Catalunya, en los años 80 y 90, existieron amplias franjas de electores que participaban en función de la convocatoria electoral. Por ejemplo, existía una bolsa de 300 a 400 mil electores de izquierda que sólo votaba en las elecciones generales y sólo parcialmente en las municipales; unos 120 mil electores de centroderecha que sólo votaba a en las municipales; y unos 250 mil electores de derecha que sólo votaban en las generales. Evidentemente, algo de esto queda, aunque ha habido cambios… Las abstenciones pueden sacarse de la apatía con campañas negativas que no tienen necesariamente que basarse en el enfrentamiento, en la guerra sucia o en la destrucción del adversario. Pueden ser campañas altamente educadas que sirvan para elevar la crítica al adversario a la categoría de publicidad o publicity para contrastar mejor los mensajes de la campaña positiva para aquellos segmentos de las abstenciones que necesiten un estímulo mayor para decidirse a ir a votar. Se trata de emular la publicidad comparativa comercial: la Pepsi no insulta ni falta a la verdad cuando dice que su sabor es más dulce que el de la Coca-Cola. Las abstenciones también pueden reducirse mediante un mayor despliegue de técnicas y canales de marketing directo, pero ejercido por parte de los militantes y simpatizantes de los partidos (y no por empresas contratadas), pero con el entrenamiento y el ensayo previos de rigor. El contacto directo permite acercar los mensajes a los electores, permite utilizar un lenguaje y unos ejemplos más próximos, e incluso decir lo que no se puede escribir ni difundir de forma masiva. El peligro reside en un mal diseño y en una mala implementación, que es lo más frecuente en España, por ejemplo. La abstenciones pueden vencerse si el marketing político tiene en cuenta que son varias y diferentes y, por lo tanto, tiene que elaborar mensajes diferentes en función de los diferentes segmentos electorales: simplificando los mensajes para aquellos electores (movilizados o situados en la abstención) menos informados o menos interesados por la política, y argumentando más a fondo para aquellos segmentos más informados o que se manejan bien en política.

Las abstenciones pueden convertirse en votantes de partidos si éstos se molestan en estudiarlas. Aunque sea sólo por motivos electorales, si tienen éxito movilizándolas, reforzarán de paso el sistema democrático (siempre que se considere necesaria una alta participación para diagnosticar una buena salud democrática).

Este texto se ha enviado como comentario a un post al blog de X.Domínguez.

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