Surf management con mar gruesa

¿Qué pensáis que responderían una serie de emprendedores y empresarios encerrados en una escuela de negocios a la pregunta «En qué juego o deporte podemos aprender más para gestionar nuestra empresa?»?

Muchos responderían el fútbol, el baloncesto, la natación sincronizada o el balonmano o cualquier otro deporte de equipo en el que una serie de jugadores deben coordinarse para conseguir un objetivo común, normalmente liderado por un personaje relevante y en el que se confía a ciegas en lo que respecta a la definición de la estrategia y de la táctica y que en el campo se mueven de forma organizada. Algunos hablarán de fútbol americano o de la navegación de competición en que a los elementos comunes con los otros deportes, se suma la presencia de estrategas y tácticos en el propio terreno de juego, lo que hace que la vigilancia estratégica -necesaria y debida al entorno y los rivales- forme parte del propio juego. Pocos directivos mencionarán el ajedrez y el japonés go en que el componente estratégico es mucho más importante que la acción…

Ninguno de los presentes citará el surf pese a que en mi opinión la vida de un empresario o emprendedor en su relación con la dirección de la empresa se refleja de forma casi perfecta en este deporte. Me explicaré. El surf es un deporte en el que en la fase de aprendizaje –y todos los empresarios pasamos por aquí- consiste en la repetición de figuras hasta lograr prácticamente la perfección para llegar a la playa o conseguir el éxito, si hablamos desde el punto de vista de la empresa. Una vez evolucionamos en el dominio y el control y buscamos llegar a nuestro objetivo con mayor maestría o menos coste, nos damos cuenta de que para llegar al punto donde coger la ola no podemos enfrentarnos directamente a las que vienen, ya que nos hundirán (hay que saber buscar alternativas); que una vez llegado a mar abierto es necesario saber esperar para escoger la ola y el momento adecuado de subir (oportunidad); cuando tengamos que remar para subir a la ola no hay espacio para la duda y hay que ser rápido (determinación); y que una vez en ella tenemos que saborear el momento haciendo lo que tantas veces hemos ensayado (profesionalidad) y vigilar el entorno para que no nos descabalgue (competencia). A todo esto, no he hablado de la soledad del surfista o de la importancia de tener la tabla perfectamente encerada (organización) y no llevar lastre inútil (costes) que nos haga más difícil la evolución.

Como dice Charles Handy en su libro The Empty Raincoat: «es más fácil entender la vida que ya hemos vivido, pero tenemos que vivir hacia delante. Sólo lo podemos conseguir entrando en la incertidumbre e intentando crear, dentro de ella, nuestras propias islas de seguridad».

(publicado originalmente en Indicador de Economía)

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